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«Mascarada de sobremesa» en el Museo MAS de Santander

En “Mascarada de sobremesa”, José Luis Serzo presenta un proyecto reciente en el que imagina un encuentro imposible entre dos figuras fundamentales del arte europeo: James Ensor y José Gutiérrez Solana. La exposición presenta un conjunto de obras —pinturas, dibujos y piezas escultóricas— que giran entorno a una escena central: una mesa compartida por ambos artistas, sobre la que se acumula un exuberante banquete de máscaras, criaturas grotescas y naturalezas muertas simbólicas. La serie funciona como una metáfora visual sobre el diálogo entre dos tradiciones pictóricas marcadas por lo carnavalesco, lo grotesco y la crítica social.

El origen del proyecto se remonta a un viaje del artista a Bélgica, cuando visitó la casa museo de Ensor en Ostende. Aquella experiencia desencadenó la pregunta que daría forma a todo el proyecto: qué habría ocurrido si Ensor y Solana hubieran compartido una sobremesa.

En la instalación central, ambos artistas aparecen sentados frente a frente mientras una montaña de máscaras invade el centro de la mesa. Estas máscaras —diablos, bufones, calaveras o criaturas híbridas— se convierten en protagonistas de la escena y simbolizan tanto la ocultación como la revelación de la identidad humana.

Quería imaginar cuál habría sido el menú de esa sobremesa”, señala Serzo. “Seguramente compartirían un gran manjar de máscaras: rostros vacíos, quizá grotescos o incluso putrefactos, que se derraman sobre la mesa y dificultan el encuentro entre ambos”.

 

El crítico y comisario de arte Enrique Andrés Ruiz, en el catálogo de la muestra, subraya:

Los múltiples universos de lo fabuloso y lo inquietante han sido insistentemente explorados por Serzo a través de la pintura. Sin embargo, esta Mascarada de sobremesa a la que ha invitado a Ensor y Solana es algo más que una representación pictórica en homenaje a los dos artistas. Se trata ahora de dar vida a la pintura, de hacer despertar a las figuras a una vida al menos imaginaria: el permanente anhelo de todas las tramoyas vivientes, las escenografías y los ingenios mecánicos. La estilización barroca del proyecto surge de ese propósito de hacer que la pintura o la escultura salgan de sus marcos y ocupen el espacio de la vida envolviendo al espectador. El horizonte último es una dramaturgia integral, puesta en pie con el ánimo de sobrepasar los límites contemplativos.

En esta serie, la máscara adquiere un protagonismo absoluto. Elemento central en el imaginario de ambos pintores históricos, aparece también como una constante en la trayectoria del artista manchego, vinculada a temas como el carnaval, el teatro o la identidad.