Tras su anterior exposición en la Galería Marc Doménech (Barcelona) en la que hizo un dialogo intergeneracional con Benjamin Palencia, ahora plantea una puesta más rotunda rescatando uno de los movimientos artísticos de vanguardias más importantes, pero al tiempo más desconocidos, que se hizo desde España, la conocida como Escuela de Vallecas.
En palabras de Jesús Mateo, comisario de la muestra:
“ (…) La obra de José Luis Serzo es un viaje introspectivo que invita a una reflexión filosófica sobre el impacto de lo material en la construcción de la identidad. Su herencia manchega, en diálogo con la influencia de la Escuela de Vallecas, ofrece un campo fértil para explorar las complejidades de la existencia humana, revelando cómo la realidad material moldea nuestras narrativas y, a su vez, nos aporta una comprensión más profunda de nosotros mismos en un contexto que busca una reterritorialización en un mundo en constante movimiento. Partiendo de las reliquias de las Escuelas vallecanas, que simbolizan elementos tangibles que surgen de relatos pasados, como objetos culturales, obras de arte o vestigios históricos, que conservan la memoria y la identidad del grupo, Serzo nos presenta una nueva narrativa construida para dar sentido a su existencia, integrando creencias, tradiciones y valores que, aunque pueden parecer inmateriales, tienen base en condiciones materiales concretas. Urdimbre efectiva para la fundación de una nueva Escuela. El renacer de la III Escuela de Vallecas en la pregnancia del espíritu de las anteriores. Sobre las reliquias/restos de la España decadente de la preguerra civil, la primera Escuela intenta construir un relato de vanguardia y modernidad. Sobre aquel “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora” tratan de reescribir, a través de su pintura y escultura, un resurgir de la dignidad y gallardía del Arte, cual Ave Fénix que renace victorioso de sus cenizas.(…) “
Por su parte Juan Manuel Bonet, destaca sobre la misma:
“ (…) La Fundación Antonio Pérez acoge ahora un nuevo conjunto de trabajos serzianos en pro de esa “tercera escuela de Vallecas” que con tanto talento ha razonado, y puesto en práctica. (…)
Sobrecogedoras realmente las obras tridimensionales de Serzo que se van a ver ahora en Cuenca. Especialmente impactante la instalación, como siempre con un punto a lo Kienholz, sí, titulada El mulo de Vallecas, sangrante autorretrato tirando de un carro cargado de elementos (incluida tierra y cardos recogidos en el Cerro Testigo) con denominación de origen en esos campos por los que ha caminado, en los que ha tomado fotografías, y videos.(…) “
Así José Luis Serzo comenta que estas acciones no constituyen únicamente un preludio. Son un homenaje y una toma de tierra. Un gesto de arraigo. Un intento humilde —pero decidido— de aproximarme al “espíritu vallecano” que late en mi memoria y en mis ancestros. Un ejercicio de re-lectura y activación de aquellas experiencias que conocimos como I y II Escuela de Vallecas. Pero hay algo más: una voluntad de proyección. Una invitación a pensar y a actuar desde la efusividad creadora para abrir la posibilidad de una III Escuela de Vallecas. No como repetición nostálgica, sino como reencarnación contemporánea de una actitud.
