Una cuidada selección del bagaje dibujístico del artista a lo largo de treinta años de trabajo ininterrumpido. Serzo, creador imaginativo y prolífico donde los haya, ha configurado un cosmos visual tan desbordante que resulta difícil pensarla como fruto exclusivo de la invención consciente. Más bien parece operar como el testimonio visual de un campo psíquico, previo a la cognición, poblado de personajes alegóricos, criaturas híbridas y escenarios que oscilan entre lo onírico, lo teatral, lo mitológico y lo ilusorio. Siempre en un equilibrio perfecto. La exposición, comisariada por Nerea Ubieto, se aproxima a ese magma efervescente a través de la psicología analítica desarrollada por Carl Gustav Jung y ampliada por Marie-Louise von Franz, cuya lectura permite pensar el dibujo como manifestación de procesos mentales profundos gracias a la inmediatez de la línea.
El universo visual de Serzo es un territorio simbólico en el que lo autobiográfico y lo arquetípico se mezclan. Sus protagonistas —héroes, alter egos, figuras femeninas, criaturas ambiguas—activan resonancias en el público más allá de lo narrativo y se convierten en guías. Las distintas series que forman parte de la exposición —El fantástico vuelo del hombre cometa, TheWelcome, Morfología del Encuentro, El iniciado, La historia más bella jamás contada, Los Señores del Bosque, Archimétrica, Ensayos para una gran obra, entre otras— están dotadas de una coherencia interna que las une, el «inconsciente serzitivo»: eje transversal de la muestra donde dibujos de diferentes proyectos conviven con total naturalidad. La división espacial y discursiva responde a un marco abierto en torno a los cuatro arquetipos junguianos fundamentales —Ánima, Sombra, Persona y Sí- mismo—, entendidos como dimensiones interrelacionadas de la psique del artista, a través de las cuales el espectador tiene la oportunidad acceder a su imaginario.
En palabras de la comisaria: «La obra de José Luis Serzo es un torrente de historias que se bifurcan y regresan. Proliferación de personajes inquietantes, mágicos, luminosos, mediadores. Relatos que se expanden más allá de sus propios límites. Figuras que aparecen y desaparecen, migrando de una serie a otra. Imágenes atravesadas por un realismo fantástico, donde lo verosímil convive con lo improbable. Escenarios románticos y existencialistas. Acumulación de signos, símbolos y capas de lectura. Racimos latentes de referencias histórico-artísticas y filosóficas. Espacios que funcionan como teatros de la conciencia. Narraciones complejas materializadas en imágenes. Constelaciones de bocetos que se ramifican hacia nuevas ideas. Dibujos que crecen como hiedras sin abandonar su coherencia interna. Dibujos, dibujos, dibujos ad infinitum».



